Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena), el 6
de marzo de 1927. Creció como niño único entre sus abuelos maternos y sus tías,
pues sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga
Márquez, se fueron a vivir, cuando Gabriel sólo contaba con cinco años, a la
población de Sucre, donde don Gabriel Eligio montó una farmacia y donde
tuvieron a la mayoría de sus once hijos.
Los abuelos eran dos personajes bien particulares y marcaron el periplo literario del futuro Nobel: el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días, le contaba al pequeño Gabriel infinidad de historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón umbilical con la historia y con la realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su cegatona abuela, se la pasaba siempre contando fábulas y leyendas familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de acuerdo con los mensajes que recibía en sueños: ella fue la fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad. Entre sus tías la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario para dar fin a su vida.
Gabriel García Márquez aprendió a escribir a los cinco años,
en el colegio Montessori de Aracataca, con la joven y bella profesora Rosa
Elena Fergusson, de quien se enamoró: fue la primera mujer que lo perturbó.
Cada vez que se le acercaba, le daban ganas de besarla: le inculcó el gusto de
ir a la escuela, sólo por verla, además de la puntualidad y de escribir una
cuartilla sin borrador.
Sin embargo, a las historias, fábulas y leyendas que le
contaron sus abuelos, sumó una experiencia vital que años más tarde sería
temática de la novela escrita después de recibir el premio Nobel: el recorrido
del río Magdalena en barco de vapor. En Zipaquirá tuvo como profesor de
literatura, entre 1944 y 1946, a Carlos Julio Calderón Hermida, a quien en
1955, cuando publicó La hojarasca, le obsequió con la siguiente dedicatoria:
"A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la
cabeza esa vaina de que yo escribiera". Ocho meses antes de la entrega del
Nobel, en la columna que publicaba en quince periódicos de todo el mundo,
García Márquez declaró que Calderón Hermida era "el profesor ideal de
Literatura".
En los años de estudiante en Zipaquirá, Gabriel García
Márquez se dedicaba a pintar gatos, burros y rosas, y a hacer caricaturas del
rector y demás compañeros de curso. En 1945 escribió unos sonetos y poemas
octosílabos inspirados en una novia que tenía: son uno de los pocos intentos
del escritor por versificar. En 1946 terminó sus estudios secundarios con
magníficas calificaciones.
A principios de 1950, cuando ya tenía muy adelantada su
primera novela, titulada entonces La casa, acompañó a doña Luisa Santiaga al
pequeño, caliente y polvoriento Aracataca, con el fin de vender la vieja casa
en donde él se había criado. Comprendió entonces que estaba escribiendo una
novela falsa, pues su pueblo no era siquiera una sombra de lo que había
conocido en su niñez; a la obra en curso le cambió el título por La hojarasca,
y el pueblo ya no fue Aracataca, sino Macondo, en honor de los corpulentos
árboles de la familia de las bombáceas, comunes en la región y semejantes a las
ceibas, que alcanzan una altura de entre treinta y cuarenta metros.
En febrero de 1954 García Márquez se integró en la redacción
de El Espectador, donde inicialmente se convirtió en el primer columnista de
cine del periodismo colombiano, y luego en brillante cronista y reportero. El
año siguiente apareció en Bogotá el primer número de la revista Mito, bajo la
dirección de Jorge Gaitán Durán.
Duró sólo siete años, pero fueron suficientes, por la
profunda influencia que ejerció en la vida cultural colombiana, para considerar
que Mito señala el momento de la aparición de la modernidad en la historia
intelectual del país, pues jugó un papel definitivo en la sociedad y cultura
colombianas: desde un principio se ubicó en la contemporaneidad y en la cultura
crítica. Gabriel García Márquez publicó dos trabajos en la revista: un capítulo
de La hojarasca, el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1955), y El
coronel no tiene quien le escriba (1958). En realidad, el escritor siempre ha
considerado que Mito fue trascendental; en alguna ocasión dijo a Pedro Gómez
Valderrama: "En Mito comenzaron las cosas".
En ese año de 1955, García Márquez ganó el primer premio en
el concurso de la Asociación de Escritores y Artistas; publicó La hojarasca y
un extenso reportaje, por entregas, Relato de un náufrago, el cual fue
censurado por el régimen del general Gustavo Rojas Pinilla, por lo que las
directivas de El Espectador decidieron que Gabriel García Márquez saliera del
país rumbo a Ginebra, para cubrir la conferencia de los Cuatro Grandes, y luego
a Roma, donde el papa Pío XII aparentemente agonizaba. En la capital italiana
asistió, por unas semanas, al Centro Sperimentale di Cinema.

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